En los tiempos que corren, el desarrollo del talento se convirtió en una decisión estratégica. En un contexto donde el cambio es constante y las habilidades requeridas evolucionan con rapidez, las organizaciones necesitan algo más que planes de capacitación: requieren una infraestructura de aprendizaje capaz de sostener el crecimiento de las personas y del negocio en el tiempo.
Los datos lo confirman. El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial señala que el 63 % de las empresas considera que la falta de competencias adecuadas es el principal freno para su transformación, incluso por sobre la inversión tecnológica. El problema ya no es el acceso a herramientas, sino contar con personas preparadas para usarlas.
En este contexto, el aprendizaje organizacional se consolida como una infraestructura crítica, comparable a los sistemas tecnológicos o a los procesos clave del negocio. Y esa infraestructura se sostiene en tres elementos fundamentales.
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Modelos y marcos de competencias: dar dirección al desarrollo del talento
Toda infraestructura necesita una base clara. En el desarrollo del talento, esa base son los modelos y marcos de competencias, alineados con los desafíos actuales y futuros de la organización.
En este artículo de El País, se indica que cerca del 40 % de las habilidades utilizadas hoy cambiarán antes de 2030 y que muchas de las competencias más relevantes (como el pensamiento analítico, la adaptabilidad o el aprendizaje continuo) no siempre están claramente integradas ni son evaluadas con rigor. Esto obliga a las organizaciones a redefinir qué capacidades necesitan desarrollar y por qué.
Cuando existe un buen modelo de competencias, es posible:
- Traducir la estrategia del negocio en comportamientos y habilidades concretas.
- Priorizar el desarrollo del talento más allá de cargos o funciones estáticas.
- Orientar decisiones de formación, evaluación y desarrollo de carrera.
Sin este marco, el aprendizaje suele fragmentarse. Mientras que, al contar con él, se convierte en un proceso coherente y alineado al futuro de la organización.
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Tecnología de aprendizaje: escalar, personalizar y medir
El segundo pilar de esta infraestructura es la tecnología de aprendizaje. No como una biblioteca de contenidos, sino como un habilitador estratégico que permite escalar, personalizar, medir y ajustar el desarrollo de las personas.
En el mismo artículo antes citado, se plantea un punto clave: no faltan herramientas, falta gente preparada para usarlas bien. Para cerrar esa brecha, la tecnología debe:
- Acompañar procesos de upskilling y reskilling de manera continua.
- Adaptar el aprendizaje a distintos roles, niveles y contextos.
- Proveer datos para tomar decisiones informadas sobre el desarrollo del talento.
Cuando la tecnología se integra al modelo de aprendizaje, el desarrollo deja de depender de iniciativas aisladas y pasa a ser gestionable, medible y sostenible.
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Experiencias de aprendizaje: conectar conocimiento, práctica y desempeño real
El tercer elemento son las experiencias de aprendizaje. Estas deben lograr que las personas sean capaces de hacer que las cosas pasen en entornos reales y complejos. Para esto es necesario:
- Aprender haciendo, es decir, enfrentarse a desafíos reales.
- Contar con contenidos de calidad actualizados, de acuerdo con su realidad laboral.
- Entregar feedback continuo que permita mejorar el desempeño.
Las experiencias de aprendizaje son el puente entre el modelo de competencias y la tecnología, es decir, las que transforman el conocimiento en acción.
Aprender como decisión estratégica
Construir esta infraestructura requiere diseño, implementación y gestión con una mirada integral. En ese camino, hoy estamos acompañando a las organizaciones como socio estratégico, ayudando a las empresas a:
- Diseñar y actualizar modelos de competencias alineados a su estrategia y a los desafíos futuros.
- Implementar tecnologías que permita gestionar el desarrollo del talento de forma escalable y basada en datos.
- Crear experiencias de aprendizaje conectadas con la práctica, el desempeño y la realidad del negocio.
Hoy la diferencia está en el enfoque: apostar por un sistema de aprendizaje organizacional que sostenga el desarrollo del talento en el tiempo y prepare a las organizaciones para crecer en un entorno incierto.


